
"Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1 Jn 4,16. Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por asi decir, una formulación sintética de la existencia cristiana. "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él"
Asi empieza nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, en su primera carta encíclica "Deus caritas est" en hablarnos de Dios y de su amor incondicional de Padre, para nosotros, aún hasta el extremo de entregar la vida de su Hijo Unigénito por nuestra salvación. Sigamos con la lectura de esta encíclica y de esta manera nosotros podamos interiorizar en este misterio, es decir, por su profundidad, del amor de Dios para nosotros y saber descansar en sus brazos de Padre.
"Si tú alabas las obras de Dios, entonces debes alabarte también a ti mismo, pues tú también eres una obra de Dios. Mira cómo puedes alabarte a ti mismo y no ser un soberbio. Alaba no a ti mismo, sino a Dios que está en ti. Alaba no porque eres esto o tal tipo de persona, sino porque Dios te ha creado; no porque eres capaz de hacer esto o aquello, sino porque él obra en ti y a través tuyo" (San Agustín de Hipona. Enarraciones sobre el salmo 144,7). "Mira, Señor, nosotros somos tu pequeño rebaño; te pertenecemos" (San Agustín de Hipona. Confesiones 10,36)

